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P. Francisco J. Rebollo Leòn SIERVOS DEL DIVINO AMOR

viernes, 10 de junio de 2011

10 DE JUNIO BEATA ANA MARÍA TAIGI

BEATA ANA MARÍA TAIGI.




PALABRA DE DIOS DIARIA


Ana María: te pedimos bendiciones para todas las madres de familia.

Que de tal manera brille vuestro buen ejemplo que los demás al ver vuestras buenas obras glorifiquen a Dios (Jesucristo).

Durante el siglo XIX una de las mujeres más populares y de mayor fama de santidad en Roma, fue Ana María Taigi, una sirvienta, esposa de un obrero.


Nació en 1729 en Siena (Italia). Su padre quedó en la más absoluta pobreza y se fue a vivir a Roma. La pusieron unos meses en la escuela, pero luego llegó una epidemia de viruela y cerraron la escuela. Ella medio aprendió a leer, pero no aprendió a escribir. Apenas medio garrapateaba su firma y nada más.

Su familia vivía en una mísera casucha en un barrio pobre de Roma. El papá consiguió trabajo como obrero.Su padre desahogaba el mal genio que le producía su extrema pobreza, insultándola sin compasión. La mamá también la humillaba frecuentemente, y a la pobre muchacha no le quedaba otro remedio que callar y ofrecer todo por amor a Dios.

Aprendió a hacer costuras, y trabajando en el almacén de dos señoras fabricaba ropa de señora, y así ayudaba a conseguir la alimentación para su familia. Y aunque sus padres, que en vez de conformarse con sus suerte, eran cada día más irascibles y la trataban con extrema dureza, ella tenía siempre la sonrisa en los labios, tratando de alegrar un poco la amargada vida de su hogar. Su mayor consuelo y alegría los encontraba en la oración.

Un día en la casa donde trabajaba su padre, le avisaron que quedaba vacante un puesto de sirvienta, y él llevó para allí a Ana María. Poco después la mamá fue admitida allí también como sirvienta, y así la familia tuvo ya una habitación fija y la alimentación segura. Ana María era una excelente trabajadora y todos en la casa quedaron muy contentos del modo tan exacto como cumplía sus labores.

Cuando Ana tenía 20 años y era una joven muy hermosa, empezó a encontrarse cada semana con un obrero de 28 años llamado Domingo Taigi que venía a traer mercado a la familia donde ella trabajaba. Se enamoraron y se casaron. El era tosco, malgeniado, y duro de carácter, pero buen trabajador, y ella lo irá transformando poco a poco en un buen cristiano. En su matrimonio tuvieron siete hijos.

Un día en que Domingo y Ana María fueron a visitar la Basílica de San Pedro, un santo sacerdote, el padre Ángel, sintió que cuando ella pasaba por frente a él, una voz en la conciencia le decía: "Fíjese en esa mujer. Dios se la va a confiar para que la dirija espiritualmente. Trabaje por su conversión, que está destinada a hacer mucho bien". El padre grabó bien la imagen de Ana, pero ella se alejó sin saber aquello que había sucedido.

Y he aquí que nuestra santa empezó a sentir un deseo inmenso de encontrar algún buen sacerdote que la dirigiera espiritualmente, para poder llegar a la santidad. Estuvo en varios templos pero ningún sacerdote quería comprometerse a darle dirección espiritual. Además era una simple sirvienta analfabeta y llena de hijos. Pocas esperanzas podía dar una mujer de tal clase.

Pero un día al llegar a un templo vio a un padre confesando y se fue a su confesionario. Era el padre Ángel, el cual al verla llegar le dijo:
"Por fin ha venido, buena mujer. La estaba aguardando. Dios la quiere guiar hacia la santidad. No desatienda esta llamada de Dios". Y le contó las palabras que había escuchado el día que la vio por primera vez en la Basílica de San Pedro.

Desde entonces empieza para Ana María una nueva vida espiritual. Bajo la dirección espiritual del padre Ángel comienza a llevar una vida de oración y penitencia, pero por consejo de su director espiritual deja de hacer ciertas penitencias que le hacían daño para la salud y se dedica a cumplir aquel viejo lema: "La mejor penitencia es la paciencia". En pleno verano bajo el calor más ardiente, hace el sacrificio de no tomar bebidas refrescantes. Demuestra gran paciencia cuando su marido estalla en arranques de mal genio. Madruga para tener todo listo para sus hijitos que van a estudiar, y se dedica con todo el esmero posible a educarlos lo mejor posible. Sufre con admirable paciencia las burlas de muchas personas que la tildan de "beata" y "besa ladrillos", etc.

Y sucede entonces algo muy especial. Ana María empieza a ver el futuro en medio de un globo de fuego que se le aparece. Y a su casa llegan a consultarle personas de todas las clases sociales. Cardenales, sacerdotes, obreros y gente de las más diversas profesiones. A unos anuncia lo que les va a suceder y a otros lo que ya les sucedió. Y a todos da admirables consejos, ella que ni siquiera sabe firmar.

Domingo Taigi dejó escrito: "Cuando llegaba a mi casa la encontraba llena de gente desconocida que venía a consultar a mi mujer. Pero ella tan pronto me veía, dejaba a cualquiera, aunque fuera un monseñor o una gran señora y se iba a atenderme, y a servirme la comida, y a ayudarme con ese inmenso cariño de esposa que siempre tuvo para conmigo. Para mí y para mis hijos, Ana María era la felicidad de la familia. Ella mantenía la paz en el hogar, a pesar de que éramos bastantes y de muy diversos temperamentos. La nuera era muy mandona y autoritaria y la hacía sufrir bastante, pero jamás Ana María demostraba ira o mal genio. Hacía las observaciones y correcciones que tenía que hacer, pero con la más exquisita amabilidad. A veces yo llegaba a casa cansado y de mal humor y estallaba en arrebatos de ira, pero ella sabía tratarme de tal manera bien que yo tenía que calmarme al muy poco rato. Cada mañana nos reunía a todos en casa para una pequeña oración, y cada noche nos volvía reunir para la lectura de un libro espiritual. A los niños los llevaba siempre a la Santa Misa los domingos y se esmeraba mucho en que recibieran la mejor educación posible".

Para llevarla a la santidad, Dios le permitió muy fuertes sufrimientos, que ella ofrecía siempre por la conversión de los pecadores. Por meses y años tuvo que sufrir una gran sequedad espiritual y angustias interiores. Antes de morir padeció siete meses de dolorosa agonía. Y a pesar de todo su eterna sonrisa no desaparecía de sus labios. Sufrió la pena de ver morir a 4 de sus siete hijos. Además tuvo que sufrir por las calumnias y murmuraciones de la gente.

De varias personas anunció la fecha en que iban a morir y se cumplió exactamente. Anunció también graves peligros y males que iban a llegar a la Santa Iglesia Católica y en verdad que llegaron. Pidió a Dios y obtuvo de El que mientras que ella viviera no llegara la peste del tifo negro a Roma. Y así sucedió. A los ocho días de su muerte llegó a Roma la terrible peste.

Murió el 9 de junio de 1867 a la edad de 68 años.

Por su intercesión se han obtenido maravillosos milagros.

Su cuerpo se conserva incorrupto en Roma.

miércoles, 8 de junio de 2011

9 DE JUNIO SAN EFRÉN DE SIRIA DIACONO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

SAN EFRÉN DE SIRIA

DIÁCONO Y DOCTOR DE LA IGLESIA



San Efrén alcanzó gran fama como maestro, orador, poeta, comentarista y defensor de la fe. Es el único de los Padres sirios a quien se honra como Doctor de la Iglesia Universal, desde 1920. En Siria, tanto los católicos como los separados de la Iglesia lo llaman "Arpa del Espíritu Santo" y todos han enriquecido sus liturgias respectivas con sus homilías y sus himnos. A pesar de que no era un hombre de mucho estudio formal, estaba empapado en las Sagradas Escrituras y tenía gran conocimiento de los misterios de la fe.


San Basilio le describe como "un interlocutor que conoce todo lo que es verdad" ; San Jerónimo, al recopilar los nombres de los grandes escritores cristianos, le menciona con estos términos: "Efrén, diácono de la iglesia de Edessa, escribió muchas obras en sirio y llegó a tener tanta fama, que en algunas iglesias se leen en público sus escritos, después de las Sagradas Escrituras. Yo leí en la lengua griega un libro suyo sobre el Espíritu Santo; a pesar de que sólo era una traducción, reconocí en la obra el genio sublime del hombre". (Edessa, hoy llamada Urfa o Sanliurfa, está en Turquía)

San Efrén narra que en un sueño vio que de su lengua nacía una mata de uvas, la cual se extendía por muchas regiones, llevando a todas sus racimos. Este sueño llegó a ser profético por la gran propagación de sus obras.

A San Efrén debemos, en gran parte, la introducción de los cánticos sagrados en los oficios y servicios públicos de la Iglesia, como una importante característica del culto y un medio de instrucción.

Su Vida

Efrén nació alrededor del año 306, en la población de Nísibis (hoy llamada Nusaybin, en Turquía), región dominada por Roma. No se sabe por cierto si sus padres eran Cristianos. El reconoce que de joven no le daba mucha importancia a la religión hasta que llegaron las pruebas. A la edad de dieciocho años recibió el bautismo y, permaneció junto al famoso obispo de Nisibis, San Jacobo, con quien, se afirma, asistió al Concilio de Nicea, en 325. Tras la muerte de San Jacobo, Efrén mantuvo estrechas relaciones con los tres jerarcas que le sucedieron.

Efrén se hallaba en Nisibis las tres veces en que los persas pusieron sitio a la ciudad, puesto que en algunos de los himnos que escribió, hay descripciones sobre los peligros de la población, las defensas de la ciudad y la derrota final del enemigo en el año 350. Si bien los persas no pudieron tomar a Nisibis por los ataques directos, consiguieron entrar sin lucha a la ciudad trece años después, cuando Nisibis se les entregó como parte del precio de la paz que pagó el emperador Joviano, después de la derrota y la muerte de Juliano. La entrada de los persas hizo huir a los cristianos, y Efrén se refugió en una caverna abierta entre las rocas de un alto acantilado que dominaba la ciudad de Edessa. Ahí vivió con absoluta austeridad, sin más alimento que un poco de pan de centeno y algunas legumbres; y fue en aquella soledad inviolable donde escribió la mayor parte de sus obras espirituales. Era un asceta y se le notaba en su apariencia. Según dicen las crónicas era de corta estatura, medio calvo y lampiño, tenía la piel apergaminada, dura, seca y morena como el barro cocido; vestía con andrajos remendados, y todos los parches habían llegado a ser del mismo color de tierra; lloraba mucho y jamás reía.

Si bien la solitaria cueva era su morada y su centro de operaciones, no vivía recluido en ella y con frecuencia bajaba a la ciudad para ocuparse de todos los asuntos que afectaban a la Iglesia. A Edessa la llamaba "la ciudad bendita" y en ella ejerció gran influencia. Predicaba a menudo y, al referirse al tema de la segunda venida de Cristo y el juicio final, usaba una elocuencia tan vigorosa, que los gemidos y lamentos de su auditorio ahogaban sus palabras.

Algunos biógrafos nos dan una idea muy poco inspiradora de San Efrén, como si rechazara la alegría y a la amabilidad. El obispo lo nombró director de la escuela de canto religioso de su ciudad, y allí formó muchos maestros de canto para que fueran a darle solemnidad a las fiestas religiosas de diversas parroquias. Allí estuvo por 13 años (del 350 al 363).

No hay en sus obras el influjo de las controversias trinitarias de la época. Esto posiblemente se debe a que no conocía el griego. Mas bien se dedicó a defender la doctrina antigua por medio de la poesía. Bardesanes y otros utilizaban las canciones y la música populares para propagar falsas doctrinas. Efrén comprendió la importancia de estos medios y valoró mucho los cánticos sagrados como un complemento del culto público. Se propuso imitar las tácticas del enemigo y, sin duda, gracias a su prestigio personal, pero sobre todo el mérito grande de sus propias composiciones, las que hizo cantar en las iglesias por un coro de voces femeninas, consiguió suplantar los himnos gnósticos por sus propios himnos.

No llegó a ser diácono sino a edad avanzada. Su humildad le obligaba a rehusar la ordenación y, el hecho de que a veces se le designe como a San Efrén el Diácono, apoya la afirmación de algunos de sus biógrafos en el sentido de que nunca obtuvo una dignidad eclesiástica más alta. Por otra parte, en sus escritos hay pasajes que parecen indicar que era sacerdote.

Alrededor del año 370, emprendió un viaje desde Edessa a Cesarea, en la Capadocia, con el propósito de visitar a San Basilio, de quien tanto y tan bien había oído hablar. San Efrén menciona aquella entrevista, lo mismo que San Gregorio de Nissa, el hermano de San Basilio, quien escribió un encomio del venerable sirio. Una de las crónicas declara que San Efrén extendió su viaje y que visitó Egipto, donde permaneció varios años, pero semejante declaración no está apoyada por alguna autoridad y no concuerda con los datos cronológicos de su vida, ampliamente reconocidos.

Hombre de caridad

La última vez que tomó parte en los asuntos públicos fue en el invierno, entre los años 372 y 373, poco antes de su muerte. Había hambre en toda la comarca y San Efrén se hallaba profundamente apenado por los sufrimientos de los pobres. Los ricos de la ciudad se negaban a abrir sus graneros y sus bolsas, porque consideraban que no se podía confiar en nadie para hacer una justa distribución de los alimentos y las limosnas; entonces, el santo ofreció sus servicios y fueron aceptados. Para satisfacción de todos, administró considerables cantidades de dinero y de abastecimientos que le fueron confiadas, además de organizar un eficaz servicio de socorro que incluía la provisión de 300 camillas para transportar a los enfermos. Supo escuchar así la voz del Señor: "Estuve enfermo y me fuiste a visitar: tuve hambre y me diste de comer. Ven al banquete preparado desde el comienzo de los siglos". (Mt. 25, 40). Terminada su misión en Edessa, regresó a su cueva y sólo vivió treinta días más. Las "Crónicas" de Edessa y las máximas autoridades en la materia, señalan el año de 373 como el de su muerte, pero algunos autores afirman que vivió hasta el 378 o el 379.

Escritor prolífico

Entre las obras suyas que han llegado hasta nosotros, algunas están escritas en el sirio original y otras son traducciones al griego, al latín y al armenio. Se las puede agrupar como obras de exégesis, de polémica, de doctrina y de poesía, pero todas, a excepción de los comentarios, están en verso. Sozomeno afirma que San Efrén escribió treinta millares de lineas. Sus poemas más interesantes son los "Himnos Nisibianos" (carmina Nisibena), de los que se conservan setenta y dos de un total de setenta y siete, así como los cánticos para las estaciones, que todavía se entonan en las iglesias sirias. Sus comentarios comprenden todo el Antiguo Testamento y muchas partes del Nuevo. Sobre los Evangelios no utilizó más que la única versión que circulaba por entonces en Siria, la llamada Diatessaron, la que, en la actualidad no existe más que en su traducción al armenio.

A pesar de que es poquísimo lo que sabemos sobre la vida de San Efrén, no poco es lo que nos ayudan sus escritos a formarnos una idea sobre el hombre que fue. Lo que más impresiona al lector es el espíritu realista y cordialmente humano con que discurre sobre los grandes misterios de la Redención. Se diría que se anticipa a esa actitud de emocionada devoción ante los sufrimientos físicos del Salvador, que no llegó a manifestarse en el occidente antes de la época de
San Francisco de Asís.

Muestra de las obras de San Efrén:


Títulos de la Vírgen Santísima
Fue un gran amante de la Virgen María y en sus escritos vemos la profunda veneración que ya se le tenía en el siglo IV. San Efrén compuso, ya en el año 333, una lista en verso de los más bellos títulos que los cristianos otorgaban a la Stma. Virgen:

"Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!"


Sobre el aposento donde tuvo lugar la Ultima Cena.

¡Oh tú, lugar bendito, estrecho aposento en el que cupo el mundo! Lo que tú contuviste, no obstante estar cercado por límites estrechos, llegó a colmar el universo. ¡Bendito sea el mísero lugar en que con mano santa el pan fue roto! ¡Dentro de ti, las uvas que maduraron en la viña de María, fueron exprimidas en el cáliz de la salvación!

¡Oh, lugar santo! Ningún hombre ha visto ni verá jamás las cosas que tú viste. En ti, el Señor se hizo verdadero altar, sacerdote, pan y cáliz de salvación. Sólo El bastaba para todo y, sin embargo, nadie era bastante para El. El Altar y cordero fue, víctima y sacrificador, sacerdote y alimento...


Descripción de Jesucristo siendo azotado.

Tras el vehemente vocerío contra Pilatos, el Todopoderoso fue azotado como el más vil de los criminales. ¡Qué gran conmoción y cuanto horror hubo a la vista del tormento! Los cielos y la tierra enmudecieron de asombro al contemplar Su cuerpo surcado por el látigo de fuego, ¡El mismo desgarrado por los azotes! Al contemplarlo a El, que había tendido sobre la tierra el velo de los cielos, que había afirmado el fundamento de los montes, que había levantado a la tierra fuera de las aguas, que lanzaba desde las nubes el rayo cegador y fulminante, al contemplarlo ahora golpeado por infames verdugos, con las manos atadas a un pilar de piedra que Su palabra había creado. ¡Y ellos, todavía, desgarraban sus miembros y le ultrajaban con burlas! ¡Un hombre, al que El había formado, levantaba el látigo! ¡El, que sustenta a todas las criaturas con su poder, sometió su espalda a los azotes; El, que es el brazo derecho del Padre, consintió en extender sus brazos en torno al pilar. El pilar de ignominia fue abrazado por El, que sostiene los cielos y la tierra con todo su esplendor. Los perros salvajes ladraron al Señor que con su trueno sacude las montañas y mostraron los agudos dientes al Hijo de la Gloria.


El "Testamento de San Efrén"

Este documento nos revela el carácter del santo escritor. A pesar de que, posiblemente, haya sufrido alteraciones y agregados en fechas posteriores, no hay duda de que en gran parte, como afirma Rubens Duval, considerado como una autoridad en la materia, es auténtico, sobre todo los pasajes que reproducimos aquí. San Efrén hace un llamado a sus amigos y discípulos, en tono emocionado y de profunda humildad:

No me embalsaméis con aromáticas especies, porque no son honras para mí. Tampoco uséis incienso ni perfumes; el honor no me corresponde a mí. Quemad el incienso ante el altar santo: A mí, dadme sólo el murmullo de las preces. Dad vuestro incienso a Dios, y a mí cantadme himnos. En vez de perfumes y de especias, dadme un recuerdo en vuestras oraciones . . . Mi fin ha sido decretado y no puedo quedarme. Dadme provisiones para mi larga jornada: vuestras plegarias, vuestros salmos y sacrificios. Contad hasta completar los treinta días y entonces, hermanos haced recuerdo de mí, ya que, en verdad, no hay más auxilio para el muerto sino el de los sacrificios que le ofrecen los vivos.


Benedicto XV lo declaró doctor de la Iglesia.

¡Señor envía tu Espíritu Santo y suscita en nosotros la pasión por Ti que manifestó el Diácono San Efrén!

Bibliografía

Butler, Vida de los Santos.
Salesman, Vida de los Santos, II.
Adaptado por Vicenç Garcia Tomàs
(Fuente: corazones.org)

martes, 7 de junio de 2011

8 DE JUNIO SAN MEDARDO OBISPO

SAN MEDARDO

OBISPO 






Medardo significa: "audaz y valeroso" (Med: audaz. Adr: valeroso. Del antiguo alemán).

San Medardo es el santo preferido de los campesinos de Francia. Le tienen gran fe para que les obtenga lluvias para los tiempos de la siembra, y para que les cuide sus viñedos o plantaciones de uva, contra los ladrones y el mal tiempo.

Siendo muy joven, una vez le regaló su caballo a un pobre viajero que lloraba porque los ladrones le habían robado el caballo en el que viajaba. Su papá al verlo tan generoso para con los necesitados opinó que el hijo más iba a servir para sacerdote que para negociante. Y así sucedió.

A los 33 años fue ordenado sacerdote, y siguió ejercitando una gran caridad para con los pobres. A los estudiantes muy necesitados los sentaba a su mesa, gratuitamente para que se alimentaran lo mejor posible. Con sus oraciones obtuvo lluvias para los campos, y en otras ocasiones libró de granizadas los cultivos.

Como era un sacerdote verdaderamente ejemplar fue elegido obispo y entonces le sucedieron unas anécdotas que se han hecho famosas.

Tenía San Medardo una vaquita, y para saber por dónde andaba el animalejo le había colgado al pescuezo una campanilla que iba anunciando por dónde estaba pastando. Y sucedió que un ladrón le robó la vaca. El ratero le quitó la campanilla del pescuezo y la echó entre las alforjas, pero la campana seguía sonando. Entonces la llenó de pasto y la escondió entre el montón de pasto seco de su pesebrera, pero la campana siguió sonando. Al fin el ladrón dispuso enterrar la campana en el suelo, pero apenas se acostó para dormir, empezó a oír que seguía sonando. Desesperado sacó la campana y colgándola otra vez del pescuezo de la vaca se fue a donde el santo y le devolvió el animal robado, diciéndole: "Padre, aquí le traigo u vaca, porque la campanilla no quiso dejar de sonar ni por un momento", y San Medardo le dijo sonriente: "Hijo, lo que sonaba no era la campanilla, era tu conciencia, que no quería que te quedaras en paz con este pecado". Al otro le fue muy provechosa esta lección.

Tenía San Medardo un cultivo de matas de uva y una noche en pleno tiempo de cosecha entraron los ladrones a robarle las uvas. Pero cuando ya tenían los costales llenos, fueron a salir y no encontraron la puerta de salida. Les parecía como si se hubieran vuelto ciegos, porque por ninguna parte encontraron la puerta de salida. Y así amaneció y llegó el santo, y ellos muy asustados le pidieron perdón y con tal de que no los denunciara, le dejaron también los costales, y así el santo recolectó sus uvas gratis y de encima le dieron los costales.

También tenía San Medardo unas colmenas que le producían muy buena miel, y las abejas eran muy mansas y muy buenas. Pero un día llegó un ratero a robarse la miel y las abejas lo persiguieron tan terriblemente que al otro no le quedó otro remedio que meterse a la casa del santo a pedirle que rezara por él. San Medardo echó una bendición a las abejas y estas se fueron muy obedientes, y él vuelto hacia el ladrón le dijo: "Esto es señal de los castigos que te pueden llegar si sigues robando. Ahora son unas sencillas abejas, pero después los que te picarán serán tus remordimientos eternamente". Y el otro no volvió a robar.

lunes, 6 de junio de 2011

7 DE JUNIO SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MARTIR

SAN ISAAC DE CÓRDOBA

MONJEMÁRTIR




Monje nacido en Córdoba, de familia noble y cristiana. Estuvo estudiando árabe y fue nombrado administrador y tesorero de rentas; pero en el año 848 las altas condiciones que tenían le hacían ver los niveles espirituales a los que no podría llegar, por lo que se vio a retirarse espiritualmente al monasterio de Tábanos, donde estuvo recibiendo enseñanzas del abad Martín.


Al pasar los años Isaac no pudo contenerse más y decidió salir del monasterio expresando ante el cadí las verdades que seguía; esto hizo enfurecer al cadí que ordenó su detención tras intentarle convencer que porque mantenía firme su fe. Se ordenó a que fuera degollado y tras ello colgado de un palo en la orilla izquierda del Guadalquivir, siendo quemado seis días después y arrojado al propio rio.

Murió degollado a los 25 años el 3 de junio del año 851, día que lo conmemora la Iglesia. Tras su muerte, el cadí al informar al emir de la admirable actuación firme y serena de Isaac fue condenado a que lo degollaran. 

Eso sucedió el miércoles 3 de junio. Dos días más tarde, el mártir es Sancho, un joven admirador de Eulogio, nacido cerca del Pirineo, que era un esclavo de la guardia del sultán; a éste, por ser culpado de alta traición además de impío, lo tendieron en el suelo, le metieron por su cuerpo una larga estaca, lo levantaron en el aire y así murió tras una larga agonía; esa era la muerte de los empalados.

Seis hombres que vestían con cogulla monacal se presentaron el domingo, día 7, ante el juez musulmán, diciéndole: «Nosotros repetimos lo mismo que nuestros hermanos Isaac y Sancho; mucho nos pesa de vuestra ignorancia, pero debemos deciros que sois unos ilusos, que vivís miserablemente embaucados por un hombre malvado y perverso. Dicta sentencia, imagina tormentos, echa mano de todos tus verdugos para vengar a tu profeta». Eran Pedro, un joven sacerdote y Walabonso, diácono, nacido en Niebla, ambos del monasterio de Santa María de Cuteclara; otros dos, Sabiniano y Wistremundo, pertenecían al monasterio de Armelata; Jeremías era un anciano cordobés que había sido rico en sus buenos tiempos, pero había sabido adaptar su cuerpo a los rigores de la penitencia en el monasterio de Tábanos que ayudó a construir con su fortuna personal y ya sólo le quedaba esperar el Cielo y, otro tabanense más, Habencio, murieron decapitados.

En unos días, ocho hombres fueron mártires de Cristo.

domingo, 5 de junio de 2011

6 DE JUNIO SAN RAFAEL GUIZAR Y VALENCIA OBISPO Y SAN MARCELINO CHAMPAGNAT

SAN RAFAEL GUIZAR Y VALENCIA

OBISPO MEXICANO



El niño Rafael Guízar Valencia vino al mundo el 26 de abril de 1878, en casa de sus padres, con domicilio en la calle de Colón N° 4, en Cotija, Michoacán, perteneciente a la Diócesis de Zamora.

Sus cristianos padres, don Prudencio Guízar González y Doña Natividad Valencia de Guízar, formaban una de las familias pudientes de la localidad, eran propietarios de la hacienda "San Diego", en Michoacán, y brindaron a sus hijos, además de una sólida educación, un clarísimo testimonio de su vida cristiana. Al día siguiente fue bautizado.

Rafael fue el cuarto de una familia de once hijos, entre ellos: Antonio, llegó a ser Arzobispo de Chihuahua en 1958; María y María de Jesús que profesaron como religiosas teresianas.

Aprendió sus primeras letras en la Escuela Parroquial de su tierra natal y más tarde en un colegio que fundaron los Padres Jesuitas en la Hacienda de San Simón en los alrededores de Cotija; luego, en Zamora, Michoacán.
A los 9 años de edad perdió a su madre, y así empezó el dolor a fraguar el ánimo de quien sería más tarde, un verdadero padre para tantos huérfanos espirituales.

El año de 1890, inició Rafael sus estudios en el colegio de San Estanislao, dirigido por los padres jesuitas. Allí empezó a destacar la personalidad del que llegaría ser un notable hombre de acción aunque, a pesar de que sólo contaba 12 años de edad, ya tenía una buena disposición al amor de Dios en grado heroico, una pureza de costumbres a toda prueba, fruto, sin duda, de su esmerada educación materna, y una notable reciedumbre de carácter, digna de su padre y de su ambiente michoacano, de donde surgió la magnífica planta de su vocación sacerdotal, que pronto habría de transformarse en un robusto árbol de santidad y celo por la salvación de los hombres.

Tenía facilidad para la música y aprendió a tocar piano, acordeón, guitarra, mandolina y violín.

Encontró su vocación religiosa en medio de una tormenta, según contó él mismo:

"Mi hermano Prudencio me pidió que le ayudara a reunir de las diversas estancias, las vacas que estaban recién paridas, serían unas doscientas, para repartirlas después en las ordeñadas diseminadas por aquellos inmensos campos. Íbamos a caballo, el sombrero ancho, las reatas de lazar, acompañados de un buen número de mozos. En eso se soltó una tempestad furiosa que nos obligó a refugiarnos en unos acantilados. Como el agua no cesaba y los víveres se nos habían agotado desde hacía veinticuatro horas, Prudencio me mandó con dos mozos a conseguir alimentos, mientras él se quedaba cuidando el ganado. Horas después regresaron los dos mozos con suficiente comida".
-"¿Dónde está Rafael? -preguntó Prudencio".
"Yo me había ido camino a Cotija. Al pasar por el barrio que está a una legua de mi pueblo, oí las campanas del santuario donde se venera una imagen de Nuestra Señora de San Juan, que había pertenecido a una familia de negros, hacía finales del Virreinato".


Al pasar por el santuario de Nuestra Señora de San Juan del Barrio se detuvo un momento. Tuvo un estremecimiento del alma. Nadie sabe lo que pasó entre Dios y él en aquel santuario... Después de esa visita a la Imagen de María, Rafael ya no volvió a la hacienda de San Diego a encontrar a su hermano Prudencio.

Al llegar a su casa le dijo a su hermana Lola que acababa de decidir ser sacerdote y le pidió que se lo informara a su padre pues no quería que él pensara que estaba negándose a trabajar en la hacienda; ella se asesoró con el Cura de Cotija, Alejo Carranza, quien habló con su padre y consiguió el permiso.
Rafael inició sus estudios eclesiásticos en el Seminario Auxiliar de Cotija, en 1891; los interrumpió un año para dedicarse a las labores del campo y los continuó con más decisión, en el Seminario Mayor de Zamora, en el año de 1896. Poco después falleció su padre.

Recibió la Ordenación Sacerdotal en la iglesia de San Francisco, en Zamora, el 1° de junio de 1901, cuando contaba con 23 años de edad. El día 6, en la Festividad de Corpus Christi, celebró su primera Misa en la parroquia de su tierra natal.

"Mi familia alquiló un tren especial para que vinieran de Zamora mis compañeros de Seminario y todos los invitados. Una banda de músicos recorrió el pueblo desde muy de mañana anunciando la buena nueva. No pude contener las lágrimas cuando en el sermón, el Padre Alejandro Silva, recordó las virtudes de mis padres. Sí, ellos estuvieron ahí".

Apenas ordenado sacerdote, comenzó a acompañar en las Visitas Pastorales al Excmo. Sr. Obispo de Zamora don José Ma. Cázares. De este virtuosísimo Prelado, aprendió sin duda alguna, a convertir en Misión cada Visita Pastoral. Posteriormente, durante la enfermedad del Excmo. Sr. Cázares, acompañó al Sr. Obispo Auxiliar don José de Jesús Fernández en las mismas tareas apostólicas.

Tuvo la encomienda de ser el Director Espiritual del Seminario de Zamora donde impartió la cátedra de Teología Dogmática. También fue nombrado Canónigo de la Catedral. Con estos cargos, pudo desarrollar una amplia actividad misionera, en la que involucraba a los alumnos del Seminario y les enseñaba a la vez "el arte del apostolado".

Pronto fue nombrado misionero apostólico por su Santidad León XIII. El amor a Dios y la presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía así como la devoción a la Santísima Virgen María, eran las notas distintivas de sus misiones.

A todos los pueblos que llegaba, siempre predicaba la Doctrina Cristiana, inspirado en un sencillo Catecismo que él mismo compuso y escribió, adaptado sobre todo para los sencillos de corazón. Muchas generaciones aprendieron la Doctrina Cristiana con su Catecismo, el cual perdura hasta nuestros días como una forma de instrucción de fe.

Para el Padre Rafael Guízar, "ganar almas para Dios", era el gran reto de su vida. Esto lo lograba mediante las misiones predicadas tanto en el territorio mexicano, como en los lugares fuera de México: Cuba, Guatemala, Colombia y el Sur de los Estados Unidos.

Su experiencia en las misiones lo llevó a fundar una Congregación Religiosa puesta bajo el cuidado de Nuestra Señora de la Esperanza. Esta advocación mariana se venera en Jacona, Michoacán, por ser taumaturga desde que se la conoció, ya que unos labradores la encontraron casi formada en su totalidad, en la raíz de un árbol, por lo que durante mucho tiempo se la nombró "Nuestra Señora de la Raíz".

Fue coronada esta imagen, a nombre del Papa León XIII, por el Arzobispo de México don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos en 1886. Desgraciadamente esta obra tuvo poco tiempo de existencia, debido sobre todo a las circunstancias que se vivían en los inicios del presente siglo en nuestra patria.

Pero además, durante los conflictos bélicos, existentes en México por la revolución de 1910, el Padre Guízar pudo prodigar la caridad y derramar la Gracia de Dios en los enfermos y moribundos por el movimiento armado. En 1913, lo encontramos misionando entre los soldados, en México, D. F., Puebla y Morelos. Auxilió a los heridos del ejército de Carranza e incluso logró filtrarse como capellán en el ejército de Zapata.

Disfrazado de vendedor de baratijas, en medio de la lluvia de balas, se acercaba a los que agonizaban y les ofrecía la reconciliación con Dios, les impartía la Absolución Sacramental y muchas veces, les daba también el Sagrado Viático, que llevaba consigo de manera oculta para que no lo descubrieran como sacerdote.

Son numerosos los episodios en los que narran las intervenciones heroicas del Padre Guízar para salvar almas y encaminarlas al cielo.

Cuentan que en cierta ocasión fue delatado y los oficiales ordenaron su ejecución. Antes de morir quiso regalar al pelotón un reloj de oro, lo lanzó al aire, y mientras los soldados se peleaban por ganarlo, él se fugó.

La burla no fue perdonada. Volvieron a buscarlo y lo encontraron, pero en esta ocasión sus conocimientos de música lo salvaron:

-"¿Qué tocas?"
-"Cualquier instrumento, piano, guitarra, mandolina, violín, clarinete, saxofón, lo que guste, y también sé cantar".
-"A ver si es cierto, jálale para la otra calle".
"Pasamos frente a la agencia de música Otto y Arzos, el jefe de la escolta se metió a la tienda, sustrajo un acordeón y me lo entregó".
-"Ahora, sóplale".
"Le bastó oír la primera pieza, quedó encantado. Entonces discurrió irse de parranda por lugares no muy santos y que yo amenizara la función. Hasta las cuatro de la mañana estuve tocando y cantando canciones rancheras... El oficial se me acercó".
-"Tu qué cura ni qué canónigo has de ser. Eres un buen músico, toma esos veinticinco pesos por tu trabajo y llévate el acordeón para que tengas con qué comer".


Pronto se inició la persecución contra el clero católico y el Padre Guízar tuvo que salir desterrado a Estados Unidos, Guatemala y la isla de Cuba. En todas partes dejó una estela de admiración, por sus virtudes nada comunes y por su inquebrantable celo apostólico Monseñor Enrique Pérez Serrantes, Obispo de Camaguey, en Cuba, decía:

"La gloria de Dios lo absorbía todo entero a la salvación de las almas, dedicaba todo el tiempo disponible; con el ejemplo y con la palabra, iba encendiendo en estos amores a los sacerdotes de ambos cleros a quienes encontraba a su paso".


En julio de 1919, se encontraba en La Habana, Cuba, cuando el Padre Hilario Chaurrondo le comunicó que había recibido un cablegrama de la Delegación Apostólica de Washington pidiéndole que se pusiera en contacto con el Delegado Apostólico para Cuba y las Antillas, Monseñor Tito Trochi, quien le comunicó que el Papa Benedicto XV lo nombraba 5° Obispo de Veracruz.

El 30 de noviembre de 1919, recibió en La Habana, Cuba, la consagración episcopal, por el Delegado Apostólico, Mons. Tito Trochi. El día 1º de Enero de 1920, partió rumbo a Veracruz en el navío llamado "La Esperanza". A su arribo al Puerto, Monseñor Guízar fue notificado del desastre ocurrido:

"El día 3 de enero, como a las 9:30 de la noche, un terremoto había sacudido gran parte de la Diócesis de Veracruz. La misma Sede de su Obispado, la ciudad de Xalapa, había sufrido derrumbes y había víctimas".


El nuevo prelado empezó a recaudar fondos, personalmente, entre la gente del Puerto. El 6 de enero de 1920, salió en tren rumbo a Xalapa, donde el cabildo catedralicio lo esperaba, pero la toma de posesión de su Diócesis se efectuó el día 9 de enero. El Señor Obispo Guízar y Valencia pidió que el dinero reservado para su recibimiento se destinara a los damnificados, y abrió una cuenta bancaria para recibir los donativos. Después, se dio la incansable tarea de ayudar a quienes lo necesitaban y a visitar personalmente las regiones más afectadas, llevando la Palabra del Señor y víveres para asistir a todos los dañados por el sismo.

Monseñor Rafael Guízar y Valencia, no sólo fue un misionero infatigable, sino que también fue un buen pastor que siempre estaba dispuesto a dar la vida por sus ovejas y fue además, un Padre solícito y Bienhechor de los pobres y desamparados.

Su labor pastoral fue obstaculizada por el ambiente anticlerical del gobierno oficial; a pesar de todo, no solamente atendió espiritual y materialmente a los feligreses de su nueva Diócesis, sino que se dedicó a la evangelización y a la formación de sacerdotes y seminaristas.

Reconstruyó el Seminario Diocesano, estableciéndolo en Xalapa, para trasladarlo después a México, D. F., cuando las tropas sectarias se apoderaban de los inmuebles de la Iglesia. Al estallar nuevamente la persecución religiosa, bajo el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles, tuvo que viajar a la Ciudad de México con muchos de sus seminaristas, sin embargo pidió a los sacerdotes de Veracruz continuar con sus servicios desde el anonimato.

Monseñor Guízar y Valencia logró mantener activo el Seminario; las autoridades lo buscaron y para salvar la vida abandonó nuevamente el país; pasó de los Estados Unidos a Cuba, Guatemala y Colombia.

El 7 de mayo de 1929, el Presidente Portes Gil declaró su buena voluntad de diálogo con los Obispos. Al oír esta noticia, Monseñor Guízar y Valencia decide regresar a su Patria, a su Diócesis y a su Seminario. El 24 del mismo mes de mayo escribe a todos sus fieles una carta pidiéndoles oraciones para que se llegue pronto a un arreglo pacífico entre Iglesia y el Estado. El arreglo, aunque provisional, se hizo público el 22 de junio de 1929.

Al iniciar su visita pastoral a la Diócesis, tan duramente probada, el Gobernador de Veracruz, Adalberto Tejeda, con su intransigencia y su espíritu jacobino, pretendió, de hecho, convertir toda la Diócesis en un departamento religioso de su gobierno. El 18 de junio de 1931 promulgó la Ley número 197 en la que se limitaba el número de sacerdotes a uno por cada cien mil habitantes, eso significaba trece sacerdotes para todo el Estado de Veracruz.

Monseñor Guízar y Valencia no podía transigir con aquellas ingerencias del poder civil; pero su apelación no tuvo resultado. Se desató entonces una nueva ola de violencia por toda la Diócesis de Veracruz, por lo que los cultos se volvieron a suspender; su Pastor volvió a salir desterrado por tercera vez, para dirigirla, en medio de mil penalidades, desde las ciudades de Puebla y México.

Había una orden de arresto en su contra y una sentencia firmada: La muerte.

A pesar de ello, Monseñor Guízar y Valencia decidió regresar a Xalapa y presentarse en la oficina del Gobernador Tejeda para decirle:

"He venido a demostrarle que soy respetuoso de la autoridad. Usted ha ordenado que me fusilen en el lugar que me encuentren. He venido para que usted mismo pueda darse el gusto de hacerlo, y evitar así que ninguno de mis fieles tenga que mancharse sus manos disparando contra su Obispo".


El Gobernador Tejeda no esperaba la visita; quedó admirado de su valentía y retiró los cargos; en 1932, el funcionario dejó el Gobierno del Estado al ser nombrado Embajador de Francia; pero los conflictos siguieron hasta 1937.
Durante seis años, el anciano pastor sufrió calladamente la repulsa de propios y extraños por defender, ante los hombres y ante la Iglesia, la dignidad humana pisoteada, y los derechos de las conciencias vilmente escarnecidos por los poderes civiles. Siempre veló por esas conciencias y, de su Seminario, salieron los hombres que atendieron las urgentes necesidades de la Diócesis.

Quiso la Divina Providencia que aquel nuevo "Atanasio" regresara, en las postrimerías de su vida, en medio de sus feligreses para cerrar, con broche de amor, la profunda entrega característica de su vida. Muy enfermo, organizó nuevas misiones.

Monseñor Guízar y Valencia padeció los últimos meses de su vida flebitis crónica, sus fuerzas de habían agotado y tuvo momentos de extrema gravedad. Cada vez se debilitaba más a causa de la arritmia cardiaca, sufría espasmos que le hacían perder el conocimiento durante unos segundos, aunque luego se recuperaba. La diabetes le había deformado los pies. La flebitis no le dejaba caminar. Pero ante todos estos malestares, él repetía una y otra vez: "Bendito sea Dios".

Monseñor Guízar y Valencia fue llamado por el Señor para otorgarle el premio a sus fatigas, el día 6 de Junio de 1938. Murió en una casa contigua al edificio de su Seminario, en la Ciudad de México y auxiliado espiritualmente por su hermano Antonio:

"Sentado en un sillón recibió el Sagrado Viático... Acabando de comulgar, recibió la Extremaunción, dándose cuenta él de que eran sus últimos momentos de la vida, por eso quiso recibir el Sagrado Viático y la Extremaunción con todo conocimiento y conciencia repitiendo las palabras rituales. Hubo dificultad para acostarlo en la cama, así que lo acostaron en el piso cumpliéndose lo que San Francisco de Asís pidió con humildad, de morir en el suelo".


Su cuerpo fue trasladado a Xalapa, donde fue sepultado en el Panteón Municipal, en medio de grandes manifestaciones del pueblo fiel, que le demostró su amor y gratitud por el inmenso bien que pasó haciendo cuando vivía.

Transcurridos doce años después de su muerte, el Cabildo de la Diócesis decidió trasladar los restos a la Capilla de Santa Teodora, en la Catedral de Xalapa. Por ello, el 28 de mayo de 1950 se procedió a exhumar su cadáver que fue encontrado incorrupto. El féretro que contenía sus restos fue trasladado al convento de las Madres Adoratrices, donde permaneció hasta el 6 de junio.

Los restos mortales de Monseñor Rafael Guízar y Valencia fueron depositados en una cripta de la Catedral de Xalapa, el 6 de junio, aniversario de su muerte, en espera del juicio de nuestra madre la Iglesia Católica, sobre la heroicidad de sus virtudes.

Su fama de santidad se extendió por todo México y por diversos países, particularmente en donde misionó incansablemente: Guatemala, Cuba, Colombia y el Sur de los Estados Unidos. Muchos milagros se han logrado por su valiosa intercesión particularmente curaciones asombrosas y ayudas en situaciones de penuria, especialmente para los necesitados.

Uno de estos milagros fue reconocido por la Comisión de la Congregación para las Causas de los Santos, en abril de 1994, y este se dio cuando el Siervo de Dios Rafael Guízar y Valencia intercedió ante Dios por la familia Montiel Rivera, a favor del nacimiento de su hijo Sergio, ya que la señora es clínicamente estéril.

Fue beatificado, el 29 de enero de 1995, por Su Santidad Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro en Roma.

El 25 de marzo de 1999, fecha en la que se conmemoró el año 2000 de la Encarnación de Jesús en María y que coincidió con la consagración de la Catedral de Ecatepec, en el Estado de México, debajo del altar mayor, en cuyo mármol, por cierto, ofició misa el Papa Juan Pablo II durante su cuarta visita pastoral a nuestro país, fueron depositadas reliquias del Beato Rafael Guízar y Valencia, junto con de los entonces Beatos, ahora Santos,
José María Robles Hurtado y Román Adame Rosales, y las del Padre Agustín Pro.

Su canonización fue el 15 de octubre en la Plaza de San Pedro, presidida por el Papa Benedicto XVI.

(Fuente: oremosjuntos.org)

Oración a San Rafael Guizar y Valencia:

Oh Dios, que en San Mons. Rafael Guízar y Valencia, nos ofreces un modelo de fidelidad al Evangelio y de Pastor según el corazón de tu hijo, concédenos por su intercesión vivir gozosos nuestra vida cristiana y obtener las gracias que te pedimos y tú bien sabes que necesitamos; para que así, podamos servirte en nuestros hermanos mediante la entrega generosa en la vida de la Iglesia. Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina Contigo, en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


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SAN MARCELINO CHAMPAGNAT

FUNDADOR




Año 1840


Nació en 1789 cerca de Lyón, Francia. Su padre que llegó a ser alcalde del pueblo, por defender y favorecer la religión tuvo que sufrir mucho durante la revolución francesa.

La mamá era sumamente devota de la Virgen Santísima y le infundió una gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre de Dios.

Una tía muy piadosa le leía Vidas de Santos, y estas lecturas lo fueron entusiasmando por la vida de apostolado. La lectura de las Vidas de Santos entusiasma mucho por la virtud.

Creció sin asistir a la escuela, pero las lecturas caseras lo fueron formando en un fuerte amor por la religión.

Desde muy niño demostró mucha capacidad para aprender la albañilería, y la practicó en su niñez, y después este oficio le va a ser muy útil en sus fundaciones. También era ágil para el negocio. Compraba corderitos, los engordaba, y luego los vendía y así fue haciendo sus ahorros, con los cuales más tarde ayudará a costearse sus estudios.
Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón) se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio y fundó varios seminarios. Cerca del pueblo de Marcelino abrieron un seminario mayor y un sacerdote visitador llegó a la casa de los Champagnat a visitar a alguno de los jóvenes a ingresar en el nuevo seminario. A Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío decían que él no servía para los estudios sino para los oficios manuales. Sin embargo el joven insistió y le permitieron entrar en el seminario.

Como lo habían anunciado el papá y el tío, los estudios le resultaron sumamente difíciles y estuvo a punto de ser echado del seminario por sus bajas notas en los exámenes. Pero su buena conducta y el hacerse repetir las clases por unos buenos amigos, le permitieron poder seguir estudiando para el sacerdocio.

En el seminario tenía otro compañero que, como él, tenía menos memoria y menos aptitud para los estudios que los demás, pero los dos sobresalían en piedad y en buena conducta y esto les iba a ser inmensamente útil en la vida. El compañero se llamaba Juan María Vianey, que después fue el Santo Cura de Ars, famoso en todo el mundo.

Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12 compañeros hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa que propagara la devoción a la Stma. Virgen y fueron en peregrinación a un santuario mariano a encomendar esta gracia. Marcelino logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.

En 1816 fue ordenado sacerdote y lo nombraron como coadjutor o vicario de un sacerdote anciano en un pueblecito donde los hombres pasaban sus ratos libres en las cantinas tomando licor, y la juventud en bailes nada santos, y la ignorancia religiosa era sumamente grande.

Marcelino se dedicó con toda su alma a tratar de acabar con las borracheras y los bailes y a procurar instruir a sus fieles lo mejor posible en la religión. Como tenía una especial cualidad para atraer a la juventud, pronto se vio rodeado de muchos jóvenes que deseaban ser instruidos en la religión. Y hasta tal punto les gustaba su clase de catequesis, que antes de que abrieran la iglesia a las seis de la mañana, ya estaban allí esperando en la puerta para entrar a escucharle.

Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó fundando una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y amable a la vez. Alto en su aspecto físico y gigante en la virtud. Le había consagrado su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar una congregación religiosa dedicada a enseñar catecismo a los niños y a propagar la devoción a Nuestra Señora. Eso sucedió en 1816, y una placa allá en dicho santuario recuerda este importante acontecimiento.

Lo que movió inmediatamente a Marcelino a fundar la Comunidad de Hermanos Maristas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel pobre muchacho ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar que en ese mismo estado debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el catecismo. Lo preparó a bien morir, y se propuso buscar compañeros que le ayudaran a instruir cristianamente a la juventud.

El 2 de enero de 1817 empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas en una casita que era una verdadera Cueva de Belén por su pobreza. Sus jóvenes compañeros se dedicaban a estudiar religión y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El santo los formaba rígidamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran verdaderamente apóstoles.

Pronto empezaron a llegar peticiones de maestros de religión para parroquias y más parroquias. Marcelino enviaba a los que ya tenía mejor preparados, y la casa se le volvía a llenar de aspirantes. Siempre tenía más peticiones de parroquias para enviarles hermanos catequistas, que jóvenes ya preparados para ser enviados. Y como su casa se llenó hasta el extremo, él mismo se dedicó ayudado por sus novicios, y aprovechando sus conocimientos de albañilería, a ensanchar el edificio.

Ante todo, las labores de sus religiosos estaban todas dirigidas a hacer conocer y amar más a Dios y a nuestra religión. El método empleado era el de la más exquisita caridad con todos. Marcelino no podía olvidar cómo una vez un profesor puso en público un sobrenombre humillante a un alumno y entonces los compañeros de ese pobre muchacho empezaron a humillarlo hasta desesperarlo. Por eso prohibió rotundamente todo trato humillante para con los alumnos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio mucha importancia al canto como medio de hacer más alegre y más eficaz la catequesis. Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos participan positivamente en las clases. Cada religioso debía dedicar una hora por día a prepararse en catequesis, y en pedagogía para saber enseñar lo mejor posible.
La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino era su gran devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: "Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús". Y les decía: "Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente hacia Jesucristo".

Marcelino murió muy joven, apenas de 51 años el 6 de junio de 1840. Los últimos años había sufrido de una gastritis aguda, y un cáncer al estómago le ocasionó la muerte. Al morir dejaba 40 casas de Hermanos Maristas. Ahora sus religiosos son más de 6,000 en 870 casas, en muy diversos países.

Marcelino Champagnat fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.

sábado, 4 de junio de 2011

5 DE JUNIO SAN BONIFACIO OBISPO Y MARTIR

SAN BONIFACIO

OBISPO Y MARTIR





Apóstol de Alemania

Bonifacio nació hacia el año 680, en el territorio de Wessex (Inglaterra). Su verdadero nombre era Winfrido. Ordenado sacerdote, en el año 716 con dos compañeros se encaminó a Turingia; pero aún no era la hora de su apostolado. Regresó a su monasterio y en el año 718 viajó a Roma para solicitar del papa Gregorio II autorización de misionar en el continente. El Sumo Pontífice lo escuchó complacido y, en el momento de otorgarle la bendición, le dijo: "Soldado de Cristo, te llamarás Bonifacio". Este nombre significa "bienhechor".

En 719 se dirigió a Frislandia. Allí estuvo tres años; luego se marchó a Hesse, convirtiendo a gran número de bárbaros. En Amoneburg, a orillas del río Olm, fundó el primer monasterio. Regresó a Roma, donde el papa lo ordenó obispo.

Poco después, en el territorio de Hesse, fundaba el convento de Fritzlar. En el año 725 volvió a dirigirse a Turingia y, continuando su obra misionera, fundó el monasterio  de Ordruf. Presidió un concilio donde se encontraba Carlomán, hijo de Carlos Martel y tío de Carlomagno, quien lo apoyó en su empresa. En el año 737, otra vez en Roma, el papa lo elevó a la dignidad de arzobispo de Maguncia. Prosiguió su misión evangelizadora y se unieron a él gran cantidad de colaboradores. También llegaron desde Inglaterra mujeres para contribuir a la conversión del país alemán, emparentado racialmente con el suyo. Entre éstas se destacaron santa Tecla, santa Walburga y una prima de Bonifacio, santa Lioba. Este es el origen de los conventos de mujeres. Prosiguió fundando monasterios y celebrando sínodos, tanto en Alemania como en Francia, a consecuencia  de lo cual ambas quedaron íntimamente unidas a Roma.

El anciano predicador había llegado a los ochenta años. Deseaba regresar a Frisia (la actual Holanda). Tenía noticias de que los convertidos habían apostatado. Cincuenta y dos compañeros fueron con él. Atravesaron muchos canales, hasta penetrar en el corazón del territorio. Al desembarcar cerca de Dochum, miles de habitantes de Frisia fueron bautizados. El día de Pentecostés debían recibir el sacramento de la confirmación.

Bonifacio se encontraba leyendo, cuando escuchó el rumor de gente que se acercaba. Salió de su tienda creyendo que serían los recién convertidos, pero lo que vio fue una turba armada con evidente determinación de matarlo. Los misioneros fueron atacados con lanzas y espadas. "Dios salvará nuestras almas", grito Bonifacio. Uno de los malhechores se arrojó sobre el anciano arzobispo, quien levantó maquinalmente el libro del evangelio que llevaba en la mano, para protegerse. La espada partió el libro y la cabeza del misionero. Era el 5 de junio del año 754.

El sepulcro de san Bonifacio se halla en Fulda, en el monasterio que él fundó. Se lo representa con un hacha y una encina derribada a sus pies, en recuerdo del árbol que los gentiles adoraban como sagrado y que Bonifacio abatió en Hesse. Es el apóstol de  Alemania y el patriarca de los católicos de ese país.

Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Sancho, Florencio, Julián, Ciriaco, Marcelino, Nicanor, Faustino, Apolonio, Marciano, Zenaida, Ciria, Valeria, Marcia, Doroteo, Claudio, Adalaro, Lupercio, mártires; Eutiquio, obispo; Doroteo, presbítero; Félix, monje; beato Fernando de Portugal.

viernes, 3 de junio de 2011

4 DE JUNIO SANTA NOEMÍ Y SANTA RUTH MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

SANTA NOEMÍ Y SANTA RUTH

MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO




Noemí (נָעֳמִי, "agradable" en hebreo) es un personaje bíblico del Antiguo Testamento. Era suegra de Rut, quien fue antepasada de David y esposa de Elimélec, efrateo de Belén de Judá en la época de los jueces. Debido a un hambre severa, se mudó a Moab con su esposo y sus dos hijos, Mahlón y Kilión. Allí murió Elimélec. Posteriormente, los hijos se casaron con las moabitas Orpá y Rut, y unos diez años más tarde ambos murieron sin descendencia.

Desconsolada, Noemí decidió volver a Judá. Las dos nueras viudas iniciaron el viaje de regreso con ella, pero Noemí les recomendó que se volvieran y se casaran en su propia tierra, pues ella misma se había hecho “demasiado vieja para llegar a pertenecer a un esposo”, de modo que no podía tener más hijos con quienes ellas pudieran casarse. Orpá se volvió, pero Rut permaneció con Noemí por amor a ella y a su Dios, Jehová.

Cuando Noemí llegó a Belén, dijo a las mujeres que la saludaban: “No me llaméis Noemí (Mi Agradabilidad). Llamadme Mará (Amarga), porque el Todopoderoso me ha tratado de forma amarga”. Como era la época de la cosecha de la cebada, Rut bondadosamente fue a espigar para su propio sustento y el de Noemí, de suerte que fue a trabajar en el campo de Boaz. Cuando le dijo a Noemí en el campo de quién estaba trabajando, esta percibió la mano de Jehová, puesto que Boaz era un pariente cercano de Elimélec y, por lo tanto, uno de los recompradores. Noemí animó a Rut a presentarle este hecho a Boaz. Este respondió con prontitud y siguió el trámite legal acostumbrado para recomprar a Noemí la propiedad de Elimélec. De modo que de acuerdo con la ley de levirato o matrimonio de cuñado, Rut llegó a ser la esposa de Boaz en favor de Noemí. Cuando les nació un hijo, las vecinas le pusieron el nombre de Obed, y dijeron: “Le ha nacido un hijo a Noemí”. Por lo tanto, Obed se convirtió en el heredero legal de la casa de Elimélec de Judá.

Rut o Ruth es un personaje bíblico que aparece en el libro que recibe su nombre (Libro de Rut). Su nombre significa compañera.

La moabita, con quien se casó Mahlón después de morir su padre Elimélec. Mahlón, su madre
Noemí y su hermano Kilión vivían en Moab. Un hambre obligó a la familia a abandonar Belén de Judá, su ciudad natal. Kilión, el cuñado de Rut, se casó con Orpá, otra moabita. Con el tiempo, los dos hermanos murieron, y las dejaron viudas y sin hijos. Al enterarse de que Jehová había vuelto a manifestar su favor a Israel, Noemí emprendió viaje de regreso a Judá acompañada por sus dos nueras. (Rut 1:1-7; 4:9, 10.)

Rut era de origen moabita, pero casada con un israelita que se expatria huyendo de la miseria.

Es nuera de Noemí, ya viudas, ambas están en la miseria. Regresan juntas a Canaán. Rut rebusca en lo que deshechan los cosechadores y va a parar al campo de Booz en Belén. A instancias de su suegra, Rut se acuesta a los pies de Booz, quien la toma por esposa y reúne todo lo que fue de Elimelec, marido de Noemí.

Se la cuenta en la genealogía de Jesús, según el Evangelio de
San Lucas.

En la Edad Media se vio a Rut como prefiguración de la Iglesia y a Booz como prefiguración de Cristo, y la unión de ambos como prefiguración de la unión entre Cristo y la Iglesia.


jueves, 2 de junio de 2011

3 DE JUNIO SAN CARLOS LWANGA Y COMPAÑEROS MARTIRES DE UGANDA

SAN CARLOS LWANGA Y COMPAÑEROS MARTIRES DE UGANDA




La sociedad de los Misioneros de Africa, conocida como los Padres Blancos, formaron parte de la evangelización de Africa en el siglo XIX. Después de seis años en Uganda ya tenían una comunidad de conversos cuya fe sería un testimonio para toda la Iglesia. Los primeros conversos se dieron a la misión de instruir y guiar a los mas nuevos y la comunidad creció rápidamente. La vida ejemplar de los cristianos inicialmente ganó el favor del rey Mtesa pero mas tarde este comprendió que los cristianos no favorecían su negocio de venta de esclavos.

Mwanga sucedió a su padre en el trono. Al principio la situación de los cristianos mejoró y varios tuvieron posiciones importantes en su corte. Pero el rey, influenciado por el Islam, cayó en la tendencia homosexual. La situación de los cristianos, por no ceder a sus demandas, se hizo muy difícil.

El lider de la comunidad católica, que para entonces tenía unos 200 miembros, era un joven de 25 años llamado José Mkasa (Mukasa) que ejercía como principal mayordomo de la corte de Mwanga. Cuando Mwanga asesinó a un misionero protestante y a sus compañeros, José Mkasa confrontó al rey por su crimen. El rey Mwanga había sido amigo de José por mucho tiempo, pero cuando este exhortó a Mwanga a renunciar al mal, la reacción fue violenta. El rey mandó a que mataran a José. Cuando los verdugos trataron de amarrar las manos de José, el les dijo: "Un Cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir". Perdonó a Mwanga con todo su corazón e hizo una petición final por su arrepentimiento antes de que le cortaran la cabeza y lo quemaran el 15 de Noviembre de 1885.

Carlos Lwanga, el favorito del rey, remplazó a José en la instrucción y liderato de la la comunidad cristiana en la corte. También el hizo lo posible por evangelizar y proteger a los varones de los deseos lujuriosos del rey. Las oraciones de José lograron que la persecución del rey amainara por seis meses. Pero en mayo del 1886 el rey llamó a uno de sus pajes llamado Mwafu y le preguntó porque estaba distante del rey. Cuando el paje respondió que había estado recibiendo instrucción religiosa de Daniel Sebuggwawo, el rey se montó en ira. Llamó a Daniel y lo mató el mismo atravesándole el cuello con una lanza.

Entonces ordenó que el complejo real sea sellado para que nadie pueda escapar y llamó a sus verdugos. Comprendiendo lo que venía, Carlos Lwanga bautizó a cuatro catecúmenos esa noche, incluyendo a un joven de 13 años llamado Kizito. En la mañana, Mwanga reunió a toda su corte y separó a los cristianos del resto diciendo: "Aquellos que no rezan párense junto a mí, los que rezan párense allá" El preguntó a los 15 niños y jóvenes, todos menores de 25 años, si eran cristianos y tenían la intención de seguir siendo cristianos. Ellos respondieron "SI" con fuerza y valentía. Mwanga los condenó a muerte.

EL rey mandó que al grupo lo llevasen a matar a Namugongo, lo cual representa una caminata de 37 millas. Uno de los jóvenes llamado Mabaga era hijo del jefe de los verdugos. Este le rogó que escapara y se escondiera pero Mbaga no quiso. Los prisioneros atados pasaron la casa de los Padres Blancos en su camino. El Padre Lourdel mas tarde relató sobre el jóven Kizito de 13 años, que sonreía y animaba al resto. Invitó a todos a cogerse de manos, para así ir unidos y ayudarse a mantener el ánimo. Lourdel estaba asombrado del valor y el gozo de estos nuevos cristianos camino al martirio. Tres de ellos fueron martirizados en el camino.

Un soldado cristiano llamado Santiago Buzabaliawo fue llevado ante el rey. Cuando Mwanga ordenó que lo matasen junto a los otros, Santiago dijo: "Entonces, adiós. Voy al cielo y rezaré a Dios por ti". Cuando el Padre Lourdel, lleno de dolor, levantó su brazo para absolver a Santiago que pasaba ante el, Santiago levantó sus propias manos atadas y apuntó hacia arriba para manifestar que el sabía que iba al cielo y se encontraría allí con el Padre Lourdel. Con una sonrisa le dijo al P. Lourdel, "¿Por qué estas triste? Esto no es nada ante los gozos que tu nos has enseñado a esperar".

Entre los condenados también estaba
Andrés Kaggwa, un jefe Kigowa que había convertido a su esposa y a varios otros, y Matías Kalemba (o Murumba) un auxiliar de juez. El mayor consejero estaba tan furioso contra Andrés que dijo que no comería hasta que Andrés estuviese muerto. Cuando los verdugos titubearon, Andrés les dijo: "No mantengan a vuestro consejero hambriento, mátenme". El mismo consejero dijo en tono cínico refiriéndose a Matías: "Sin duda su dios los rescatará" . "Si," contestó Matías, "Dios me rescatará pero tu no verás como lo hace porque tomará mi alma y te dejará solo mi cuerpo". A Matías lo hirieron mortalmente en el camino y lo dejaron allí para morir lo cual tomo por lo menos tres días.

Cuando la caravana de reos y verdugos llegó a Namugongo, los sobrevivientes fueron encerrados por siente días. El 3 de junio los sacaron, los envolvieron en esteras de cañas y los pusieron en una pira. Mbaga fue martirizado el primero. Su padre, el jefe de los verdugos, había tratado en vano una última vez de convencerlo a desistir de su fe. Le dieron entonces un golpe en la cabeza para que no sufriera al ser quemado su cuerpo. El resto de los cristianos fueron quemados. Carlos Lwanga tenía 21 años. Uno de los pajes, Mukasa Kiriwanu no había sido aun bautizado pero se unió a sus compañeros cuando se les preguntó si eran cristianos. Recibió aquel día el bautismo de sangre. Murieron 13 católicos y 11 protestantes proclamando el nombre de Jesús y diciendo "Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas".

No sabemos cuantos mártires produjo aquella persecución. Solo queda constancia de los que ocupaban un lugar en la corte o tenían puestos de alguna importancia.

Cuando los Padres Blancos fueron echados del país, los nuevos cristianos continuaron la obra misionera, traduciendo e imprimiendo el catecismo a su lengua nativa e instruyendo en la fe en secreto. No tenían sacerdotes pero Dios les infundió a aquellos cristianos de Uganda la gracia para vencer con gran valor a las difíciles circunstancias. Cuando los Padres Blanco volvieron después de la muerte del rey Mwanga, encontraron 500 cristianos y 1000 catecúmenos esperándolos.

Los mártires de Uganda fueron beatificados por el Papa Benedicto XV el 6 de junio de 1920.

Benedicto XV escribió para la beatificación de los siervos de Dios Carlos Lwanga, Mattías Murumba y sus compañeros, conocidos con el nombre de los Mártires de Uganda:

"Quién fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa aún; pero consta que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquella región a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y "muchos hermanos mártires" que las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses, conocidos también con el nombre de "masas cándidas", o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie."



Oración a San Carlos Lwanga y compañeros:

Mártires de Unganda, rueguen para que nosotros, inspirado por vuestra fe, seamos capaces de mantenernos fieles en medio de cualquier prueba y de entregar nuestras propias vidas. Ayuden a aquellos que viven hoy bajo persecución. Amen.

2 DE JUNIO SANTOS MARCELINO Y PEDRO MARTIRES

SANTOS MARCELINO Y PEDRO

MARTIRES



Año 304

El primero de estos dos santos mártires era un sacerdote muy estimado en Roma, y el segundo era un fervoroso cristiano que tenía el poder especial de expulsar demonios. Fueron llevados a prisión por los enemigos de la religión, pero en la cárcel se dedicaron a predicar con tal entusiasmo que lograron convertir al carcelero y a su mujer y a sus hijos, y a varios prisioneros que antes no eran creyentes. Disgustados por esto los gobernantes les decretaron pena de muerte.

A Marcelino y Pedro los llevaron a un bosque llamado "la selva negra", y allá los mataron cortándoles la cabeza y los sepultaron en el más profundo secreto, para que nadie supiera dónde estaban enterrados. Pero el verdugo, al ver lo santamente que habían muerto se convirtió al cristianismo y contó dónde estaban sepultados, y os cristianos fueron y sacaron los restos de los dos santos, y les dieron honrosa sepultura. Después el emperador Constantino construyó una basílica sobre la tumba de los dos mártires, y quiso que en ese sitio fuera sepultada su santa madre, Santa Elena.

Las crónicas antiguas narran que ante los restos de los santos Marcelino y Pedro, se obraron numerosos milagros. Y que las gentes repetían: "Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores".

miércoles, 1 de junio de 2011

1 DE JUNIO SAN JUSTINO MARTIR

SAN JUSTINO

MARTIR


San Justino nació en Naplusa, la antigua Siquem, en Samaria, a comienzos del siglo Il. Si lo que él mismo nos narra tiene valor autobiográfico y no es —como pretenden algunos— mera ficción literaria, se habría dedicado desde joven a la filosofía, recorriendo, en pos de la verdad, las escuelas estoica, peripatética, pitagórica y platónica, hasta que, insa tisfecho de todas ellas, un anciano le llamó la atención sobre las Escrituras de los profetas, "los únicos que han anunciado la verdad". Esto, junto a la consideración del testimonio de los cristianos que arrostraban la muerte por ser fieles a su fe, le llevó a la conversión.

Más adelante Justino pasa a Roma, donde funda una especie de escuela filosófico-religiosa, y muere martirizado hacia el año 165.

Se conocen los títulos de una decena de obras de Justino: de ellas sólo se han conservado dos Apologías (que quizás no son sino dos partes de una misma obra), y un Diálogo con un judío, por nombre Trifón.

Tanto por la extensión de sus escritos como por su contenido, Justino es el más importante de los apologetas. Es el primero que de una manera que pudiéramos decir sistemática intenta establecer una relación entre el mensaje cristiano y el pensamiento helénicos predeterminando en gran parte, bajo este aspecto, la dirección que iba a tomar la teología posterior.

La aportación más fundamental de Justino es el intento de relacionar la teología ontológica del platonismo con la teología histórica de la tradición judaica, es decir, el Dios que los filósofos concebían como Ser supremo, absoluto y transcendente, con el Dios que en la tradición semítica aparecía como autor y realizador de un designio de salvación para el hombre.

En el esfuerzo por resolver el problema de la posibilidad de relación entre el Ser absoluto y transcendente y los seres finitos, las escuelas derivadas del platonismo habían postulado la necesidad del Logos en función de intermediario ontológico: la idea se remonta al «logos universal» de Heraclito, y viene a expresar que la inteligibilidad limitada del mundo es una expresión o participación de la inteligibilidad infinita del Ser absoluto.

Justino, reinterpretando ideas del evangelio de Juan, identifica al Logos mediador ontológico con el Hijo eterno de Dios, que recientemente se ha manifestado en Cristo, pero que había estado ya actuando desde el principio del mundo, lo mismo en la revelación de Dios a los patriarcas y profetas de Israel, que en la revelación natural por la que los filósofos y sabios del paganismo fueron alcanzando cada vez un conocimiento más aproximado de la verdad.

De esta forma Justino presenta al cristianismo como integrando, en un plan universal e histórico de salvación, lo mismo las instituciones judaicas que la filosofía y las instituciones naturales de los pueblos paganos. Así intenta resolver uno de los problemas más graves de la teología en su época: el de la relación del cristianismo con el Antiguo Testamento y con la cultura pagana. Ambas son praeparatio evangelica, estadio inicial y preparatorio de un plan salvífico, que tendrá su consumación en Cristo.

Sin embargo, al identificar Justino al Logos con el mediador ontológico entre el Dios supremo y transcendente y el mundo finito, a la manera en que era postulado de los filósofos, introduce una concepción que inevitablemente tenderá hacia el subordinacionismo y, finalmente, hacia el arrianismo. Cuando Justino afirma que el Dios supremo no podía aparecerse con su gloria transcendente a Moisés y los profetas, sino sólo su Logos, implícitamente afirma que el Logos no participa en toda su plenitud de la gloria de Dios y que es en alguna manera inferior a Dios.

Los escritos de Justino son también importantes en cuanto nos dan a conocer las formas del culto y de la vida cristiana en su tiempo, principalmente en lo que se refiere a la celebración del bautismo y de la eucaristía.

(Fuente: mercaba.org | Autor: Josep Vives)